25 de marzo de 2008

La Venecia mágica

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Aquí vivía –en Campo San Martín-, entre los siglos XV y XVI, un hombre especialmente brutal que no escondía el hecho de que practicaba la nigromancia y otras artes maléficas. Circulaba el rumor de que había vendido incluso el alma al diablo. Una noche, muy tarde estando fuera de casa, se encontró envuelto en una oscuridad total. Había salido con el claro de luna, pero lo sorprendieron unas nubes negras que lo oscurecieron todo. ¿Qué decidió hacer entonces el hombre?. En lugar de pedir ayuda a un alma piadosa del purgatorio como se solía hacer en esa época, no encontró nada mejor que apostrofar directamente al diablo: “Azazel, Azazel, bùtime un ciaro!” (¡tírame una antorcha!). Y de inmediato, una antorcha encendida apareció en su mano y, como si nada hubiese ocurrido, el hombre regresó a su casa iluminando con ella su camino. Al llegar, la apagó y la guardó en el cajón de la leña, lista para utilizarla nuevamente. Cuando a la mañana siguiente, la criada abrió el cajón, se encontró ella con el brazo de un muerto, negro por las quemaduras. A punto de desmayarse, la criada llamó al hombre para que pudiese ver lo que había encontrado. La crónica cuenta que el hombre estalló de risa, porque no era la primera vez que el diablo bromeaba con él.

El nigromante que bromeaba con el diablo.
"Leyendas venecianas e historias de fantasmas. Guía de los lugares misteriosos de fantasmas" (Alberto Toso Fei).

Así como no hay una sola realidad, no existe una sola Venecia. He tenido la suerte de poder ver, o más bien entrever, varias de esas realidades que, sin importar el tiempo, se superponen unas encima de otras. Existe una Venecia plagada de turistas, rodeada de lugares monumentales y espléndidos que nos hablan de tiempos mejores. La de la plaza San Marcos, del palacio Ducal y el Gran Canal que, a pesar de todo solo muestran los restos de lo que antaño la república de Venecia fue. Tanta decadencia estuvo acompañaba por un cielo nublado durante casi todo el viaje, personalmente me pareció el clima perfecto.

Escondido en el Palacio Ducal se puede visitar el Itinerario Secreto, que nos acerca al tercer y cuarto piso, cerrados para el público general. En él se pueden visitar los pequeños y muy humildes despachos administrativos, pero también otras estancias, como los piombi, las celdas destinadas para los nobles y aquellas personas de mayor categoría, y la stanza de la corda (estancia de la cuerda) donde la inquisición veneciana practicaba las torturas a los presos.

Este itinerario nos permite ir más allá de la realidad aparente, porque precisamente apariencia y dobles juegos eran algo muy típico en la república de Venecia. Los plebeyos accedían al palacio por escaleras escondidas en armarios. La propia stanza de la corda estaba pensada como un escenario teatral, las torturas solo se realizaban en las noches de luna llena, de modo que la ventana iluminara al preso y los tres inquisidores, sentados a una mesa, quedaban a oscuras –por ello se hacían llamar los ‘señores de la noche’-. Desde unas pequeñas barandillas situadas arriba de la cuerda y en una situación privilegiada, el resto de presos asistía a la tortura y confesión de su compañero. Este pequeño y violento montaje escenográfico, solía conllevar la confesión de muchos de los presos, ahorrando gran trabajo a los inquisidores.

Stanza de la corda

Venecia controló el tráfico de mercancías entre Oriente y Occidente y fue grande por sus innovaciones navieras. Sin embargo a partir del inicio del siglo XV y, sobretodo, a partir del descubrimiento de América, la importancia de las rutas controladas por Venecia comenzaron a decaer. Pocos años después, a mediados del cinquecento se produjeron los dos grandes incendios que destruyeron gran parte de la ciudad, lo cual me resulta tremendamente poético.

Incendio al deposito degli olî a San Marcuola. Galleria dell'Accademia (Venezia)

Existe otra ciudad que solo es visible de noche, a la luz de la luna llena y con las calles vacías. Ni turistas, ni venecianos –aunque son pocos- frecuentan las calles y fundamentas (calles de los canales, que no fondas) después de medianoche, los primeros por estar exhaustos, quizá los segundos por las innumerables leyendas sobre fantasmas que moran sus calles de noche buscando paz (el dux ciego, el usurero, la muchacha sin cabeza).

Otra Venecia de símbolos ocultos y arcanos se esconde en cada esquina, desde las pateras, pequeños escudos situados encima de los portales, a los grabados repartidos por toda la ciudad: pequeñas vírgenes montadas sobre cañones o tallados de de botas, dromedarios o dragones, algunos de los cuales se conoce el significado, pero otros no.

Existe otra ciudad además, más alejada, en la que no existen signos de turismo, en la que realmente habitan los venecianos. Cerca de los jardines de la bienal se extiende un barrio más modesto, pero de gran encanto, en el que la ropa se tiende con cuerdas expuestas de lado a lado del canal y la gente se sienta en las terrazas mientras los niños juegan en las plazas. El mismo estilo de las casas y su indumentaria, hablan del origen de la ciudad, las friulinas, típico calzado, y sus casas revelan que una vez los habitantes de Venecia –o al menos, parte de ellos- vinieron de Friuli. Via Garibaldi es el centro de la auténtica vida veneciana. Mercados sobre barcazas en el mismo canal, revela la auténtica naturaleza marítima del veneciano.

Estatua en el Campo dei Mori con leyenda incluida

Cerca de la casa de Boca Dorada conocimos a un auténtico veneciano que nos acompañó durante un periodo de nuestro recorrido hasta llegar a la puerta del mar. El final de este itinerario es un arco situado en medio de una calle y que parece no llevar a ninguna parte –se piensa que antiguamente fue la entrada a un palazzo-. Sin embargo una visión desde la perspectiva adecuada permite ver el agua de la laguna tras de sí.

Los venecianos se lamentan de la desaparición de Venecia tras una oleada destructora provocada por el turismo masivo. Los jóvenes deben abandonar la ciudad pues no pueden pagar los precios de las viviendas que se han disparado por las nubes y, sin embargo, la mitad de los edificios están deshabitados. Venecia se torna un escenario teatral, de majestuosas fachadas y bellos portales, tras los cuales solo hay estancias vacías y polvo. Muchas guías todavía recuerdan donde, hasta no hace mucho, se encontraron los locales y edificios importantes de la ciudad, donde se reunían los intelectuales o los estudiantes, auténticas tascas donde degustar la gastronomía veneciana. Hoy todo repleto de restaurantes de comida rápida o incluso un Mc Donald’s muy cerca de la plaza de San Marcos -me chocó profundamente ver una niña cruzando un puente debajo del cual pasaba una góndola con su Happy Meal en la mano-. Tampoco hay trabajos para los que se quedan en la ciudad, más que los relacionados con el turismo que, últimamente, se queja de que ha bajado la calidad del mismo. En parte es cierto, porque la última vez que estuve en Venecia cenar en un restaurante con terraza al Gran Canal y vistas al Puente del Rialto era prohibitivo, pero esta vez me dí el gustazo (incluso me pareció más divertido cuando empezó a subir el agua y tuvimos que cambiar de mesas para no mojarnos los pies).

Antes pensaba que dos días eran suficientes para ver Venecia, aunque claro, solo conocía la primera Venecia, la turística, aquella repleta de palacios grandiosos y hermosas iglesias. Sin embargo para conocer todas las Venecias que existen es necesario pasar mucho tiempo en ella, conocer sus costumbres y leyendas, sus pequeñas calles y soportales llenos de historias y cuentos, sus rincones mágicos.

Marché de Venecia tan contenta como triste por ver que la auténtica ciudad estaba encerrada sobre la nueva imagen proyectada de Venecia, en las guías, en las fotos de sus visitantes, sobre los nuevos edificios. Las auténticas Venecia se encuentran tan profundamente enterradas que nadie sabe si volverán a surgir. Imagino a esa Venecia en el fondo de la laguna con la tercera columna, que debía estar en la plaza San Marcos, como lastre. Es una sensación extraña el sentir añoranza por aquello que nunca has tenido, pero así es Venecia: mágica y gris.

4 comentarios:

RAÚL dijo...

uhmm... deberías pensar en escribir "guías de viaje alternativas" (da gusto leerte) para conocer los lugares donde no hay rastro de mc donald's, aunque es casi imposible, por lo que veo!

Higronauta dijo...

La globalización es lo que tiene: homogeniza y aúna para que cualquier ciudad acabe pareciéndose a cualquier ciudad, y así, únicamente se necesita el tiempo mínimo necesario para visitar/fotografiar los cuatro elementos característicos y vuelta a casa. Se ahorra tiempo y dinero, y, si uno se descuida, ya casi no hace ni falta que salga de casa para visitar ciudad alguna.

Suerte que todavía quedan visitantes (como usted), que saben cómo y dónde rascar ese falso atrezzo, para encontrar la autenticidad tras las bambalinas.

Estrellita Mutante dijo...

Raúl, menos mal que ya existen personas que se dedican a eso, y escriben mucho mejor que yo, pero gracias por el cumplido.

Higronauta: pues si, precisamente tengo un amigo que tuvo el 'privilegio' de ver el Starbucks que había en la Ciudad Prohibida en China (lo tuvieron que cerrar por aclamación popular, lo nunca visto).

Dr Zito dijo...

Los pobres venecianos, gente magnifica, estan hasta las narices de nosotros. Y no les falta razon.
El guetto, el dorsoduro, son zonas para perderse y su relato les hace mucha justicia.
Y la imagen de la ninya y el happy meal, perturbadora.